Recuerdo el primer día que pise la Facultad de Derecho de Málaga, ese mastodonte amarillo que, entonces, me pareció enorme pero que, con el paso de los cinco años de licenciatura, se hizo pequeñito y más o menos manejable. Acudí a realizar la inscripción, con mis matrículas de honor de COU en la mano y muy nerviosa. Los nervios se repetirían en todos los exámenes de la carrera, especialmente en